Ver la cartera de cada cliente
Qué especies tiene, cuántos nominales, a qué precio compró, a cuánto rinde hoy y cuándo vence cada uno. En una fila por cliente, sin abrir nada.
La pregunta «¿a quién le aplica esto?» pasa a tener respuesta.
Si sos Agente Productor (AP), BoneAR te da lo que hoy resolvés de memoria o con una planilla: qué tiene cada comitente, a cuánto rinde, cuándo cobra y qué conviene hacer al respecto. Y cuando encontrás algo para uno de ellos, se lo avisás por Telegram — y le queda en su panel, para cuando quiera mirarlo.






No es un problema de criterio: el criterio lo tenés. Es que la buena idea no llega a tiempo al que le servía. Con veinte clientes se sostiene de memoria; con cincuenta, no. Y cada vez que no llega, esa comisión no se hizo.
La idea buena llega tarde
Entre que ves la oportunidad y terminás de averiguar a quién le sirve, el precio ya se movió. La ventana de un bono se mide en horas.
El seguimiento no escala
Sostener quién tiene qué, a cuánto compró y cuándo cobra se hace de memoria o con una planilla que hay que mantener. Los dos se rompen con el número de clientes.
El cliente no siente que lo atendés
Mandarle a todos el mismo mensaje enseña a ignorarlo. Y un comitente que no se siente mirado es el que se va con el que lo llama por su nombre.
BoneAR resuelve las tres desde una sola pantalla. Ves la cartera de cada comitente, sabés al instante a quién le aplica cada movimiento y le acercás la idea por su canal — sin que él tenga que entrar a configurarse nada.
Todas se hacen desde una sola pantalla y cliente por cliente, sin que ninguno de ellos tenga que entrar a configurarse nada.
Qué especies tiene, cuántos nominales, a qué precio compró, a cuánto rinde hoy y cuándo vence cada uno. En una fila por cliente, sin abrir nada.
La pregunta «¿a quién le aplica esto?» pasa a tener respuesta.
TIR, paridad, spread, curva o «cualquier bono de su cartera». Las configurás vos, el AP, cliente por cliente, y la notificación le llega a tu cliente por Telegram.
Sin depender de que el comitente entre a configurarse nada.
Vos elegís el bono de una lista, la cantidad, y dejás una línea diciendo por qué. Al cliente le llega el aviso y le aparece arriba de su cartera, con tu nombre.
Una sugerencia no es una tenencia hasta que él confirma qué compró.
«Tengo 9 millones y quiero cobrar todos los meses»: BoneAR arma la escalera con los bonos cuyas fechas caen en meses distintos, y te muestra cuánto entra cada mes. La pantalla es solo tuya: la armás vos y se la proponés a tu cliente.
Con casillas por emisor, por ley y por duration.
Arbitraje entre bonos gemelos, valor relativo dentro de cada curva y qué rinde más que dejar la plata quieta. El costo se mide con las puntas del libro.
Cargás tu comisión una vez y todo se recalcula con tu número — el tuyo y el de las señales que ve tu cliente.
CER, dollar linked, duales, tasa fija, hard dollar, provinciales y municipales. Con ficha por bono: cronograma completo, paridad, las tres durations, convexidad y la TIR de los últimos años.
No son los cinco soberanos de siempre.
Filtrás por rendimiento, plazo, emisor y ley sobre los ~470 bonos, y bajás esa lista corta a Excel con un botón — con los filtros puestos. Lo mismo con la comparación de bonos y con la cartera de cada cliente.
La propuesta que le mandás sale de ahí: sin volver a tipear un número ni rehacer la cuenta a mano.
Ocho situaciones de un martes cualquiera, con capturas de la pantalla real y una cartera de clientes cargada.
El riesgo de cualquier herramienta nueva es que quede sin usar porque el cliente no entra. Acá el que trabaja sos vos: él solo recibe.
Dos columnas de Excel —nombre y mail— y listo. Si una línea viene mal, te dice cuál es por su número de fila y las demás entran igual: no se cae la carga entera por un mail con un typo.
Un mail para elegir contraseña y entra a lo suyo: su cartera, sus alertas, sus oportunidades. No configura nada. Ningún cliente ve jamás algo de otro.
Mis Clientes: qué tiene cada uno, a cuánto rinde, cuándo cobra. Desde ahí le armás alertas, le sugerís un bono o le proponés una renta — sin salir de la pantalla.
Un asesor se juega la relación en un número mal dicho. Prometer un rendimiento que después se lo come el costo, o cotizar con un precio de ayer, cuesta más que cualquier operación perdida. Estas tres cosas están para que no te pase.
Arriba de cada pantalla dice «hace 2 min» con el mercado abierto, o «cierre del 05/08» cuando está cerrado. Nunca le pasás a un cliente un precio de ayer creyendo que es de hoy.
Cada oportunidad ya descuenta las puntas reales del libro y tu comisión. Lo que la pantalla dice que deja, es lo que deja — no prometés un número que después se come el costo de entrar y salir.
Cada bono muestra quién lo emite y bajo qué ley. Cuando un cliente te pregunta por qué ese paga más, tenés la respuesta en la misma fila. Eso es lo que te separa de una pantalla de precios.
Pedí una demo y la hacemos con especies que tengas de verdad en tu cartera. Si no te resuelve nada, en quince minutos lo vas a saber.